Alcoholismo y Trastornos Coexistentes

Alcoholismo y Trastornos Coexistentes

El alcoholismo es una de esas enfermedades que no suelen venir solas. Característica que no hace sino complicar la recuperación y rehabilitación. Si dejar el alcohol es, ya de por sí, un camino duro, hacerlo sufriendo otros trastornos con los que se relaciona comúnmente la adicción al alcohol, es como intentar escalar una montaña en medio de una tempestad… y sin cuerdas de seguridad.

Lo cierto es que es relativamente sencillo identificar un problema de alcoholismo, pero no ocurre lo mismo con otros trastornos mentales. De hecho, en muchos casos, el primer problema de los trastornos coexistentes con el alcohol es el desconocimiento por parte del paciente, que ni siquiera es consciente de que los sufre. De ahí que consultar con profesionales es fundamental para recibir un diagnóstico completo y real.

Qué son los trastornos coexistentes con el alcoholismo

Generalmente, cuando hablamos de trastornos coexistentes con el alcohol, nos referimos a la combinación de la propia adicción al alcohol con un problema mental. Es común que el paciente comienza a poner las bases de su adicción debido a la desazón que provocaba el otro problema mental y originalmente desconocido. Consumir alcohol eleva los niveles de dopamina, lo que hace que el enfermo se relaje y se sienta mejor de sus otros problemas. Si un enfermo de un trastorno mental no pide ayuda profesional, y trata de atenuar los síntomas bebiendo, la combinación puede ser fatal.

Lamentablemente, esta actitud es bastante común, porque en nuestra sociedad, los trastornos mentales están todavía estigmatizados. Los enfermos creen que quedarán aislados socialmente, nunca volverán a encontrar trabajo y perderán el respeto de los demás. Ante esas perspectivas, deciden ocultar el problema y tratar de paliarlo de la única forma que saben: bebiendo. Es similar a automedicarse, pero utilizando el alcohol como medicina. Las ventajas son claras: Beber está aceptado socialmente y es muy fácil de conseguir.

Sin embargo, por supuesto, beber no es ninguna solución. Si no se le pone freno, el paciente cada vez beberá más cantidad y con más frecuencia, hasta acabar por añadir, a su problema original, una adicción al alcohol. Llegado a este momento, la rehabilitación sin ayuda profesional es realmente difícil.

Hay infinidad de problemas que pueden llevar a beber demasiado a una persona. En la siguiente sección te presentamos los más comunes.

Trastornos coexistentes con el alcoholismo

En la sociedad de hoy en día en la que la competitividad es demasiado alta, hay muchos agravantes para los trastornos mentales. Muchas personas se sienten controladas por sus trabajos y redes sociales en internet, hasta tal punto que es como si estuviesen en una jaula ficticia. La vida sedentaria tampoco ayuda, ya que aunque la actividad física nos relaja y aumenta nuestra autoestima, cada vez es más difícil tener tiempo para ella.

Las diferencias entre lo que nos dicen que debe ser la vida y lo que realmente es, son cada vez más traumáticas. A esto, se le añaden las situaciones violentas que las personas viven en las escuelas, universidades, en el tráfico conduciendo su vehículo, en el trabajo, etc. Si lo piensas, la sociedad es muy agresiva. Generalmente, no nos damos cuenta, porque estamos acostumbrados, pero cuando una persona se encuentra en una situación más delicada, cada una de estas situaciones acaba haciendo mella.

Algunos trastornos comunes que presentan coocurrencia con el alcoholismo son:

Trastorno depresivo mayor: Es una enfermedad mental que elimina las sensaciones placenteras de la vida de los enfermos. Está asociada a una gran inseguridad en uno mismo y afecta gravemente a la vida social y laboral de los enfermos. Las casusas pueden ser muy diversas y una de sus consecuencias puede ser el desarrollo de una adicción por el efecto de alivio que experimenta el enfermo cuando consume la sustancia a la que es adicto.

Ansiedad: La ansiedad incluye las fobias y el trastorno obsesivo-compulsivo. Es una respuesta del cuerpo a situaciones de peligro o tensión, pero se puede desarrollar como una patología que produce síntomas como sudoración, palpitaciones, disnea, dolores de cabeza, vómitos y muchos otros. Si no se trata, esta enfermedad puede ser altamente inhabilitante. Los efectos del alcohol palían el sufrimiento de los enfermos, con el consiguiente riesgo que eso supone.

Trastorno bipolar: Es una enfermedad mental en la que el enfermo combina momentos de alta actividad y ánimo con momentos depresivos de baja actividad. Los cambios se dan sin razón alguna y en ambos casos pueden llegar a ser muy peligrosos ya que el paciente puede cometer acciones poco racionales. Entre ellas, puede incluirse empezar a beber en exceso con regularidad.

Trastorno por estrés postraumático o TEPT: Esta enfermedad se desarrolla por haber vivido, experimentado o visto una situación muy invasiva como puede ser una agresión, muerte, accidente, etc. Se trata de una experiencia que causa tanto impacto en el cerebro que afecta al futuro de este. Tiene tratamiento, por supuesto, pero en algunos casos el enfermo opta por “beber para olvidar”. Sin duda, la peor de las decisiones.

Hay muchas otras enfermedades mentales que suponen un mayor riesgo de caer en un problema de adicción al alcohol. Aquí solo hemos hablado de las más conocidas a modo de ejemplo. En definitiva, en todas ellas las consecuencias son similares: la recuperación y rehabilitación es más complicada, especialmente si el paciente se aísla.

Cómo tratar los trastornos coexistentes con el alcoholismo

El problema de los trastornos mentales es que tienen un tratamiento diferente al de las adicciones. Si bien ambos casos son considerados como enfermedad mental, los médicos especialistas raramente son expertos en los dos.

En un centro de rehabilitación de calidad, encontrarás profesionales con experiencia en ambas áreas o un equipo de varios profesionales que combinan sus conocimientos. Ambas posibilidades son perfectamente válidas. Lo que no debería ser admisible es que un profesional sin conocimiento sobre uno de estos dos problemas, trate a un paciente que los sufre.

Tantos los trastornos asociados al alcoholismo como la adicción en sí, tienen un alto componente estigmatizante. El paciente no solo necesita curarse, sino que también tiene que aprender a vivir sabiendo que, siendo alcohólico, se puede llevar una vida ejemplar y ser perfectamente respetable socialmente. Ese es el objetivo final de la rehabilitación alcohólica: no limitarse a no beber, sino ofrecer una buena calidad de vida física y social.

Muchas veces, los familiares o personas que no han sufrido una adicción se preguntan por qué su ser querido no quiere dar el paso de comenzar la rehabilitación. La razón no es que quieran seguir consumiendo, por lo general ellos preferirían dejarlo si no fuese por el síndrome de abstinencia, sino que el adicto no es capaz de imaginar su vida sin la sustancia a la que es adicto. Pensemos que un adicto al alcohol, lleva un largo periodo de tiempo orientando su vida hacia la bebida, todo lo que hace, todos sus planes y amistades, le llevan a beber, porque ese es el camino que ha estado preparando. Dejar el alcohol, conlleva cambiar de vida, y en un momento de baja autoestima es realmente difícil tomar esa determinación.

¿Y qué pasa con las otras drogas?

Prácticamente todo lo dicho anteriormente es aplicable a la adicción de drogas como marihuana, cocaína, etc. Aunque con efectos más potentes, también se consiguen las sensaciones positivas de la dopamina. Por tanto, cuando alguien con un trastorno mental, consume una droga de este tipo, suele experimentar un alivio que le puede hacer repetir.

Cualquiera que pruebe las drogas corre un alto riesgo de acabar con una adicción. Pero si añadimos una situación como la explicada anteriormente, este riesgo se multiplica todavía más.

Cómo puede ayudar un centro de rehabilitación

Un centro de rehabilitación del alcohol puede ayudar desde el primer momento. La mayoría de los centros ofrecen lo que se conoce como intervención alcohólica, que tiene como objetivo que el adicto tome la determinación de rehabilitarse.

En esta etapa, contar con el asesoramiento de profesionales, ayuda a la familia y al enfermo primero a conocer a qué problemas se enfrenta. Es decir, ¿hay algún trastorno mental además de la propia adicción? Y segundo, a concienciarse de que dejar de consumir es el único camino y no se le debe tener miedo. Un centro puede ponerle en contacto con otros enfermos para mostrarle las consecuencias de no tomar medidas y también con personas rehabilitadas, para eliminar el miedo a la nueva vida sin la adicción. El paciente, hablará con otras personas que han tenido sus mismos miedos y que pueden explicarle que, al contrario de lo que él piensa, sí es posible encontrar una solución.

Tomada la decisión de rehabilitarse, un centro ofrece los medios técnicos y personales adecuados para llevar a cabo un tratamiento holístico de la persona. No solo se tratará la adicción, sino también los otros trastornos que coexisten con la misma. La rehabilitación es un trabajo en equipo, en el que participan el paciente y su familia y los distintos expertos médicos que pueden ayudar en cada necesidad específica del enfermo.

Por eso, si tienes un problema con el alcohol o conoces a alguien que lo tenga, solo nos queda animarte a que te pongas en contacto con nosotros y te explicaremos todo el proceso. Dejar una adicción es posible, pero hay que hacerlo de forma segura, contando con la ayuda de médicos con experiencia.