El efecto del alcoholismo en la familia y la pareja

El efecto del alcoholismo en la familia y la pareja

El alcoholismo o adicción al alcohol es una enfermedad devastadora. Sus consecuencias en el estado físico y mental del adicto son peligrosísimas y si no se trata a tiempo, puede ocasionar la muerte, ya sea por un coma etílico, un problema de salud, generalmente relacionados con el corazón, el cerebro o el hígado, o por un accidente ocasionado por la pérdida de percepción ocasionada por el estado de ebriedad.

Cada una de ellas son razones suficientes por sí solas, para que un enfermo de alcoholismo, se proponga comenzar una rehabilitación y empezar una nueva vida más sana. Pero hay otro factor determinante para ello: la familia.

Los familiares de los alcohólicos, sufren enormemente por culpa de esta enfermedad. Con este post, queremos concientizar a cualquier persona alcohólica que pueda leer este texto, de que no poner remedio a su problema, solo le hará sufrir a él y a las personas que más quiere.

La buena noticia, es que la cura es posible.

Problemas que el alcoholismo en provoca en la pareja

La pareja de un alcohólico seguramente sea la persona que más sufra esta enfermedad aparte del propio adicto.
Además de los problemas físico que comentábamos en la introducción de este mismo artículo, el alcohólico experimentará también serios problemas psicológicos. Algunos de ellos son:

  1. Comportamiento violento
  2. Inseguridad
  3. Ansiedad
  4. Cambios de humor incontrolables (trastorno bipolar)
  5. Aislamiento social
  6. Pérdida de memoria
  7. Depresión
  8. Insomnio

Y muchos otros.

Estos problemas, además de ser nocivos para el enfermo, afectarán mucho a la pareja del alcohólico.

Respecto al comportamiento violento no hace falta mucha explicación. Cuando un ser querido afectado por una adicción se pone violento es difícil hacerle frente. La persona que no está enferma y sufre este comportamiento, sabe que el enfermo necesita ayuda, simplemente no sabe cómo dársela, pero mientras tanto, puede sufrir agresiones, que silencia debido al cariño que tiene a su pareja. Incluso siendo superior físicamente, defenderse de un ser querido es difícil, porque nunca se quiere dañarlo.

Después, la historia suele repetirse. En los momentos de sobriedad, en los que todavía no está presente el síndrome de abstinencia, el alcohólico se arrepiente de agredir a su pareja, pero el tiempo pasa, y el alcohol vuelve a controlar a la persona, sea por la ebriedad o el síndrome de abstinencia y las agresiones se repiten.

Los maltratos en pareja, son especialmente difíciles de tratar, porque todavía hay muchas personas que piensan que las cosas de la pareja, deben quedarse de puertas para adentro. Sin embargo, nuestra recomendación es que nadie soporte nunca agresiones de este tipo. En cuanto ocurran, se debe buscar asesoramiento profesional y poner medidas para que esto deje de suceder.

Cuando las agresiones se repiten. Llega un momento en que la pareja dela alcohólico padece una especie de síndrome de Estocolmo y comienza a sentirse culpable de todo lo que ocurre. Esto hará que la pareja se aísle cada vez más y tenga menos seguridad en sí misma, de modo que en muchos casos queda incluso incapacitada para ayudar el enfermo. Es realmente un círculo muy peligroso para ambos.

También merecen especial mención el aislamiento social y el insomnio. El aislamiento social del alcohólico suele contagiarse a la pareja del mismo, porque si bien la sociedad es muy generosa con el consumo de alcohol, cuando se pasa cierto límite y la ebriedad empieza dejarse notar demasiado en los comportamientos del enfermo, suele darse un rechazo casi total y tanto amistades como conocidos ponen tierra de por medio. A consecuencia de esto, la pareja del enfermo suele tener dificultades para mantener una vida social satisfactoria. Recordemos que el adicto suele ser una persona muy insegura de sí misma, con lo que los ataques de celos y el chantaje emocional son prácticas casi aseguradas. Si cede a las mismas, algo que en el contexto de la convivencia con una persona a la que se quiere y se percibe que necesita ayuda es algo bastante probable, la pareja del alcohólico se irá encerrando en casa y aislando paulatinamente.

En cuanto al insomnio, puede que comparado con lo anteriormente comentado pueda parecer un mal menor. Sin embargo, cualquier persona que no haya sido adicta a ninguna sustancia, pero que haya sufrido este problema puede darnos un valioso testimonio de las consecuencias asociadas. El insomnio para la pareja puede significar fundamentalmente dos cosas: peor humor y menos empatía. Si además el insomnio del alcohólico hace que la pareja también duerma mal, el problema se multiplica por dos. Las discusiones y cabreos estarán a la orden del día.

Con el resto de problemas ocurre un poco lo mismo. La pareja del alcohólico, al vivir tan cerca del enfermo y estar implicada emocionalmente, suele verse superada por la situación. El principal problema, es el ya comentado de la culpa, que como decimos, hace que la pareja del alcohólico, sin necesidad de beber, padezca muchos de los mismos problemas que padece el adicto al alcohol.

Finalmente, pero no menos importante, el alcoholismo afecta a las relaciones sexuales. Los efectos son negativos en hombres y mujeres: disfunción eréctil para ellos y menor sensibilidad para ellas. Además, es inútil negar que la calidad del sexo en estado de embriaguez baja alarmantemente, suponiendo que pueda llegar a realizarse.

Cuando la pareja del alcohólico no es capaz de ver la situación con perspectiva y separarse, al menos emocionalmente, para poder tratar de encontrar una solución, se denomina codependencia.

Problemas del alcoholismo en la familia

La pareja no es la única que sufre cuando convive con un alcohólico. El resto de la familia también es víctima de esta situación, en la que lo peor de todo es que escapa a su control.

Los padres y el resto de seres queridos, normalmente viven una situación de ansiedad, en la que se sientes impotentes y seguramente también culpables. En muchos casos, el alcoholismo afecta también a la situación financiera de la familia. Con el tiempo, el alcohólico suele acabar perdiendo su trabajo en incluso acumulando deudas. Es común es cuando esto ocurre acuda a sus familiares, que se ven en la tesitura de dejarle un dinero a fondo perdido, que lo único que hará será ahondar en la situación. La otra opción es negarse a darle el dinero y dejar al enfermo con la sensación de que aún está más aislado de lo que realmente está. La solución no es fácil, pero desde luego no pasar por dejar ningún dinero a una persona que lo va a gastar en satisfacer su adicción. En todo caso, será más productivo poner ese dinero a trabajar en una intervención alcohólica que convenza al adicto de que su actual estilo de vida debe parar.

Los otros grandes perjudicados son los niños, por supuesto. Está demostrado que los hijos de padres alcohólicos tienen más probabilidades de sufrir también la enfermedad. Pero no es solo su futuro lo que se ve comprometido. En una familia con un miembro alcohólico las relaciones no son las que deben ser para ofrecer el ambiente de seguridad y tranquilidad que requieren los niños y adolescentes. En muchas ocasiones, los niños también se sienten culpables. La diferencia es que entre los más jóvenes, cuando esto ocurre, en lugar de reflejarse en una actitud pasiva, como sí ocurre con los adultos que se aíslan junto al enfermo, lo que hacen es revelarse contra un mundo y una situación que realmente no entienden. Esto se traduce en comportamientos poco disciplinados que afectarán a su rendimiento académico y puede llevarles a tener problemas con la ley.

Respecto a los niños, además es muy reseñable que entre los alcohólicos que tenían hijos pequeños durante su adicción, una de las grandes penas que les queda después de rehabilitarse es haberse perdido la infancia de sus hijos.

La decisión de rehabilitarse

Hoy hemos hablado sobre la familia del alcohólico y sus sufrimientos. Pero no podemos acabar sin dejar claro que para una rehabilitación alcohólica exitosa, es necesario que el enfermo quiera colaborar. Esto, por supuesto, no se consigue mediante la fuerza. Es necesario que de alguna manera, el alcohólico sea consciente del daño que está causando y que entienda, que se debe a una enfermedad, por la que no debe sentirse culpable, pero a la que sí debe poner freno.

Por mucho que la pareja, los padres e incluso los hijos del adicto al alcohol quieran que este se trate, en último término estamos hablando de una decisión personal. La ayuda de los seres queridos es fundamental, tanto para dejar de beber, como para decidir dejar de beber. El primer paso hacia la solución y seguramente el más difícil. Para ayudar de forma óptima, los familiares deben tratar de no sentirse culpables ni culpabilizar al adicto. Debe tratarse como una situación que ha sobrevenido y que deben superar juntos. El mensaje es claro: te queremos, no estás solo, entre todos vamos a superarlo.

Insistimos, rehabilitarse es perfectamente posible. No hay que tener miedo.