Síntomas del abuso del alcohol: Señales y tratamiento

Síntomas del abuso del alcohol: Señales y tratamiento

El abuso del alcohol es una práctica tristemente común entre adultos y adolescentes. De hecho, aunque la ingesta de alcohol por parte de los menores no sea legal, es un problema bien conocido por la sociedad.

En la mayoría de los casos, el abuso del alcohol comienza como una práctica social. El individuo aprende, aunque erróneamente, que ingerir bebidas alcohólicas está directamente relacionado con actividades de socialización. Los adolescentes más jóvenes, incluso centran sus encuentros en juegos en los que el alcohol es el gran protagonista. Esto genera un condicionamiento positivo, en el que se asocia el alcohol con momentos felices.

Si no se tiene cuidado, estos momentos de bebida excesiva irán haciéndose cada vez más frecuentes, hasta que llegue un momento en el que se tenga un importante problema de alcoholismo.

Cuando se plantea la posibilidad de estar ante una adicción al alcohol, las respuestas siempre suelen ser las mismas: “Yo controlo”, “A mí no me va a pasar”. Los resultados también se repiten. Se pierde el control y te acaba pasando. Por eso, es importante conocer los síntomas y señales que suele presentar un alcohólico, para saber reconocer esta enfermedad cuando acecha a alguien de nuestro entorno cercano o incluso a nosotros mismos.

Señales de un problema de alcoholismo

La principal señal de un problema de alcoholismo es que el alcohol es el centro de la vida de la persona. Es lo más importante, es lo único. Esto hace que sea relativamente fácil de detectar. Lo difícil a la hora de hacerlo, es el componente subjetivo o emocional. Si se trata de nosotros mismos, es difícil aceptar que padecemos esta enfermedad. Si se trata de otros, seguramente nos sentiremos tentados a justificar la situación y querremos pensar que pronto la persona pondrá remedio. Pero no va a ser así. Una adicción no para hasta destruir a la persona… o hasta que se le pone remedio.

Podríamos resumir el síntoma principal del alcoholismo en lo siguiente: La persona se pone de mal humor cuando no bebe e insiste una y otra vez en realizar actividades que le permitan hacerlo. Una vez que comienza a beber, la ansiedad desaparece y de nuevo se convierte en una persona encantadora.

El alcohólico tratará de justificar la bebida en la medida de lo posible. Si va a salir con unos amigos preferirá ir a tomar algo, en lugar de ir al cine. Seguramente, las películas no llamen su atención. A nadie le extrañará, pues parece una simple preferencia. Pero también lo preferirá a hacer una excursión por el campo o a practicar cualquier deporte. En la práctica, será lo único que esté dispuesto a hacer. Incluso lo propondrá cuando no sea algo muy lógico. Por ejemplo, si se está dando un paseo y alguien propone ir a comprar un helado, el alcohólico querrá evitar los kioscos de la calle y preferirá entrar a un establecimiento en el que vendan alcohol. No le importará que el plan inicial fuese tomar aire fresco caminando, él querrá entrar o sentarse donde sea y beber.

Síntomas del alcoholismo

No es que los síntomas y las señales sean tan diferentes, pero queríamos estructurar el artículo de una forma clara, así que en el apartado anterior te hemos dado ejemplos más subjetivos y ahora vamos a tratar de darte un listados de síntomas, de un problema de alcoholismo, más objetivos.

  1. Si empieza, no para: El alcohólico es un adicto, por lo que le resulta muy difícil controlar su consumo. Una vez que empieza a beber es habitual que acabe en estado ebrio. Ahora bien, muchos alcohólicos están tan acostumbrados a beber, que su estado de ebriedad se disimula bastante bien, y si no nos fijamos bien, podrían hacerse pasar por una persona sobria.
  2. Gran tolerancia al alcohol: Uno de los peligros del alcohol es que cada vez hace menos efecto, de manera que el enfermo cada vez necesita una dosis mayor para experimentar las supuestas sensaciones agradables que le ofrece la bebida. Un individuo que es capaz de beber mucho sin que le afecte, seguramente sea una persona que bebe demasiado.
  3. Bebe por si acaso: Para el enfermo de alcoholismo cualquier excusa es buena. Una muy habitual es beber por si acaso no se puede beber luego. De hecho, la posibilidad de no poder beber, debido a otras obligaciones, les produce ansiedad y mal humor.
  4. Está afectando a sus obligaciones: La adicción acabará por afectar gravemente a las obligaciones profesionales del paciente, sin importar si estas son trabajo o estudios. No hace falta esperar a que los problemas sean graves. Los primeros indicios son suficientes, lo que generalmente significa casos como: no acudir a las clases o el trabajo porque se va a beber o porque se sufre de resaca.
  5. Ha intentado dejarlo pero no puede: Esta es la comprobación definitiva. Si la persona trata de dejar de beber y no probar el alcohol en un mes, pero es incapaz de hacerlo porque siempre hay alguna excusa que lo lleva a beber de nuevo, es el momento de consultar con un médico. No obstante, hay que tener cuidado con esta comprobación, porque si se trata de una persona con un estado de la adicción avanzado, puede sufrir importantes efectos del síndrome de abstinencia.
  6. Tiene problemas de salud: Hipertensión, problemas de hígado, problemas de riñón, trastornos del comportamiento… todos ellos son problemas asociados a la ingesta excesiva de alcohol y tarde o temprano harán su aparición. Desde luego, un susto relacionado con alguno de estos problemas es una buena razón para buscar un tratamiento.
  7. Cada vez bebe más frecuentemente: Tan sencillo como eso. Si la frecuencia aumenta y aumenta, estate alerta.

Tratar el alcoholismo: Perder el miedo al cambio

Cuando se habla de los tratamientos del alcoholismo, la discusión siempre se centra en la salud y el síndrome de abstinencia. Sin embargo el miedo a cambiar de vida es un factor importantísimo en la decisión de rehabilitarse.

El alcohólico sabe que su vida gira alrededor del alcohol y que, por tanto, dejarlo significa cambiar de vida, de actividades, de relaciones sociales, de muchas cosas que son importantes. Y recordemos que generalmente el adicto a consecuencia de la enfermedad es una persona insegura que no se tiene en alta estima. Probablemente, piense que no va a ser capaz de adaptarse y que va a quedarse aislado.

Pero ocurrirá justo lo contrario. Las relaciones sociales creadas entorno al alcohol no suelen vincularnos a personas que realmente nos quieren. Hay excepciones, por supuesto. Pero por lo general, son relaciones utilitarias que solo se mantienen mientras ambas personas se lo pasan bien y consumen su dosis. Además, la adicción es algo que va envolviendo al enfermo y lo va separando de todo, incluso de esas amistades hechas en contextos en los que se puede beber. El final del alcoholismo es el aislamiento y la enfermedad.

Por otro lado, si se toman medidas, aunque el esfuerzo será grande, el paciente acabará en una situación más sana física y socialmente. Las oportunidades laborales serán más accesibles y las relaciones personales mejorarán gracias a que la persona rehabilitada dejará de sufrir trastornos de comportamiento característicos del alcoholismo como: comportamiento violento, manía persecutoria, chantaje emocional y muchos otros.

Cómo debe ser el tratamiento

Si hay algo que nunca debe faltar en un tratamiento de alcoholismo es la monitorización profesional de un médico y otros profesionales sanitarios. Si no se tratan adecuadamente, los efectos del síndrome de abstinencia pueden ser muy peligrosos para la salud.

La automedicación nunca es recomendable, pero en un caso como este puede ser letal. Debe ser el médico quien, tras haber diagnosticado el problema del adicto, decida el proceso más adecuado para dejar de beber.

Además, como ya hemos expuesto en el apartado anterior, dejar el alcohol no es simplemente no beber más, sino que conlleva un cambio en el estilo de vida de la persona. Por ello, lo más recomendable es llevar a cabo un enfoque holístico en el que se traten absolutamente todos los aspectos de la enfermedad. Desde las medicinas que deben paliar o hasta eliminar el síndrome de abstinencia, hasta aquellas que deben evitar riesgos como repentinas subidas de tensión u otros efectos no deseados, pasando por la formación que el alcohólico y sus seres queridos más próximos deben hacer para aprender a disfrutar de su nueva vida minimizando el riesgo de recaída.

Por lo general, se puede dejar de beber en una semana o diez días, pero un proceso de rehabilitación completo puede llevar varios meses. El internamiento del paciente no tiene por qué ser necesario. En muchos casos, el alcohólico puede seguir llevando una vida rutinaria acudiendo al centro de rehabilitación durante el día. En todo caso, será una decisión que tomará él personalmente junto con sus familiares o tutores.

El esfuerzo merece la pena, ya que se disfrutará de una mejor salud y se aprenderá a lidiar con situaciones en las que el paciente puede verse tentado a beber debido a los usos sociales.

No esperes más. Si tú o alguien a quien quieres tiene o crees que puede tener este problema, debes acudir a un profesional para diagnosticarlo. Si esperas, solo conseguirás que la situación empeore. Ponte en contacto con nosotros y te ayudaremos.